Blog de Marcos Molina

8 marzo 2011, Martes

Fenómenos de luz: la hora azul

Archivado en: Varios — Etiquetas: — Marcos Molina @ 19:14

La hora azul proviene de la expresión francesa l’heure bleue y hace referencia al período de penumbra que se produce en los extremos del día: la aurora y el crepúsculo, donde no hay luz diurna completa ni oscuridad completa. En el caso de la tarde, se presenta inmediatamente después de la hora dorada, cuando el sol ya se ha ocultado. En el caso de la mañana, entre la oscuridad nocturna y el alba. Al igual que la hora dorada, tiene una duración en torno a los 30-45 minutos. La inmensa mayoría de fotografías de paisaje de los grandes autores están realizadas en estos dos grandes momentos: la hora dorada y su continuidad: la hora azul.


Proceso de la hora azul al atardecer
(extremo del día más cómodo para presenciar)

El sol, una vez se ha ocultado tras el horizonte, deja de iluminar directamente la superficie de la Tierra. En ese período de tiempo, no obstante, los rayos solares iluminan las capas altas de la atmósfera sobre nosotros, en un proceso gradual de atenuación hasta la oscuridad total de la noche. En ese lapso de tiempo —la transición entre el ocaso y la noche cerrada— el paisaje se baña de una luz difusa, tenue, envolvente y cálida así como de los matices de color más sutiles, en constante cambio. Esa porción de atmósfera iluminada por un sol ya oculto se convierte en una fuente de luz de bajo contraste que ilumina sugestivamente el paisaje ya sumido en las primeras penumbras.  El ambiente adquiere un tono marcadamente azul, que contrasta con la calidez de los objetos suavemente iluminados. Asimismo, en los últimos momentos de la hora azul, minutos antes de la oscuridad, el crepúsculo puede venir acompañado de espléndidos efectos de color y luz en el cielo, sobre el horizonte donde el sol se ha ocultado. Obviamente el proceso es a la inversa en el caso del amanecer.


Presenciando la hora azul

Al igual que sucede con la hora dorada, el efecto característico de la hora azul no aparece necesariamente cada día. De hecho, en la región mediterránea se produce con relativa poca frecuencia. Como no podía ser de otra manera, depende directamente de las condiciones ambientales. Por lo general, cuanto más limpia la atmósfera, más evidente será el efecto. Por limpieza se entiende ausencia de nubes, nieblas, humedad y contaminación. Cada uno de estos fenómenos obstruye el paso de la luz. La hora azul tiene en la alta montaña su fiel escenario: aire limpio, baja humedad, frecuente ausencia de nubes, nieblas y brumas. Además, la presencia de relieves hace que la luz propia de la hora azul se aprecie mucho mejor. Otro factor a tener en cuenta para observar adecuadamente la hora azul es la característica del motivo. Debido al ambiente de luz tenue reinante tras el ocaso, cuanto más oscuro el motivo, menos se apreciará la especial cualidad de la luz. Por ejemplo, un bosque, una montaña de roca oscura o un mar agitado. En contraposición, una montaña nevada, unas nubes  —o  la pálida roca caliza característica de Mallorca— harán de la hora azul el mejor espectáculo. Las especiales características de la luz de la hora azul se perciben mejor en espacios abiertos con amplia visibilidad. No apreciaremos adecuadamente la hora azul en un paisaje natural sin amplias vistas despejadas o en un llano donde no existe ningún motivo destacado sobre el que la luz pueda incidir.

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Uno de los motivos por antonomasia de la hora azul: el paisaje nevado.
La superfície blanca recoge mejor que ningún otro motivo el encanto de la luz característica de la hora azul.
Puig de Massanella, unos 15 minutos después del ocaso. Como suele suceder en condiciones de frío intenso, la atmósfera ese día presentaba una limpieza extrema.
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Una de las características más apreciadas de la hora azul es la manera tan equilibrada en que el sensor de la cámara capta la luz. El paisaje, al recibir una luz difusa, tenue y envolvente, por lo general presenta un contraste muy bajo. Ello provoca que el motivo quede registrado con una especial uniformidad, mostrando gran cantidad de detalle tanto en las zonas de sombra como en las altas luces.
Sa Penya Rotja y península de Formentor al amanecer.
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Mientras el paisaje a mi espalda está uniformemente iluminado, mirando en dirección al área donde el sol está bajo el horizonte, puede apreciarse muchas veces un hermoso efecto de luz y color. Poco frecuente, tiene lugar en días de buena visibilidad (baja humedad) y ausencia de viento. Es cuando el cielo se tiñe de una suntuosa gradación de tonos que nos recuerda los colores del arcoiris.
S’Estaca, Valldemossa, durante el crepúsculo. Diapositiva escaneada.
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Gráfico que intenta describir la transición del día a la noche: la hora dorada antes del ocaso, para dar paso después a la hora azul y a la noche. Los elementos en suspensión en la atmósfera (vapor de agua, contaminación, impurezas) hacen de inmenso conductor y emisor de luz  indirecta, cuando el sol se encuentra directamente bajo el horizonte.
El grosor de la atmósfera terrestre ha sido exagerado deliberadamente.
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El mismo motivo, dos luces bien diferenciadas. Izquierda: la hora azul (previa al alba), derecha: la hora dorada (posterior al alba).
Nótese la diferencia en términos de contraste. Puig Major al amanecer, visto desde el Puig Roig.
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La montaña, uno de los parajes más propicios donde poder contemplar la hora azul en toda su amplitud.
Puig Major tras la puesta de sol. Diapositiva escaneada.
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Además de la montaña caliza, la naturaleza de Mallorca nos obsequia con el incomparable atractivo del mar y sus múltiples facetas. Añadimos un par de ingredientes más: un día de calma y la hora azul y tenemos como resultado un espejo surcado por caprichosas texturas y los sutiles tonos reflejados de la aurora.
Serra del Cavall Bernat, Pollença. Foto tomada 20 minutos antes de la salida de sol.
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Tras la puesta de sol, un conjunto de nubes convectivas reflejan los sutiles y cálidos tonos del crepúsculo, convirtiendo la escena en un festival de mil delicados colores.
Sector central de la serra de Tramuntana
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La hora azul también resulta cautivadora para el fotógrafo de paisaje urbano. Iluminado artificialmente, éste combina sugestivamente con la luz natural fría de la penumbra. El secreto: esperar a esos breves instantes en que el primer plano (el motivo urbano) y el fondo (el cielo) posean la misma intensidad de luz, creando un delicado equilibrio. Todo un clásico de la fotografía urbana.
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Fenómenos de luz:

La hora dorada
La hora azul
El Cinturón de Venus
Los rayos crepusculares
Los rayos anticrepusculares
Nubes iluminadas
Arcoiris, espectros y sombras
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3 comentarios »

  1. La segunda fotografía es espectacular. Las demás también, pero la segunda se sale.

    Comentario por Sussss — 8 marzo 2011, Martes @ 21:57

  2. Tanto la hora azul como la dorada, un buen instante para jugar con la luz, pues eso dicen que es la fotografía.
    La tercera, tiene unos colores preciosos.

    Comentario por Cata Loshuertos — 9 marzo 2011, Miércoles @ 21:10

  3. Las fotografías son geniales.
    Todas tienen ese “Que se yo” que las hace inolvidables.
    Muy bueno el artículo.

    Un abrazo

    Comentario por Otonio — 18 marzo 2011, Viernes @ 17:39


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