Blog de Marcos Molina

31 marzo 2011, Jueves

Fenómenos de luz: nubes iluminadas

Archivado en: Varios — Marcos Molina @ 22:13

Entre la infinidad de hermosos y delicados efectos de luz que encontramos en la naturaleza, hay uno que siempre me ha llamado la atención por su especial belleza y por su vistosidad: las nubes iluminadas por el sol cuando éste permanece oculto tras el horizonte. Un motivo que suele plasmarse con gran efectismo en la fotografía y que puede verse, por lo general, durante los 30 minutos posteriores a la puesta de sol  y anteriores a la salida.  Se trata de un fenómeno relativamente común  y visible desde prácticamente cualquier lugar. Afortunadamente, en Mallorca contamos con una amplia variedad de posibles escenarios: mar, montaña, llano.

Dependiendo de las condiciones ambientales del momento, el brillo de la luz solar en las nubes puede producir los más diversos efectos: desde unas tenues filas o pinceladas rosadas en el cielo hasta el espectáculo más dramático y colorista. La variedad es, por supuesto, infinita, siempre constituyendo una sorpresa en función de las condiciones del momento:

• El tipo de nubes presentes en el cielo, la cantidad y su posición respecto al sol.
• El grado de limpieza del aire: cuanto más limpio, mayor visibilidad y saturación de color

Durante el otoño y la primavera abundan un tipo de nubes altas llamadas Cirrus que suelen estar asociadas a los cambios de tiempo. Formadas por capas de cristales de hielo, son conocidas por sus sinuosas y caprichosas formas que recuerdan a una cabellera. Se caracterizan por estar situadas a una gran altitud: entre los 8.000 y 12.000 metros. Son las “nubes iluminadas” por excelencia. Cuando el sol se encuentra aún muy por debajo del horizonte, con frecuencia, el observador puede ver los Cirrus iluminados en el cielo cuando el paisaje se encuentra en penumbra, creando un contraste de luz y color sumamente interesante.

Otro tipo de formaciones nubosas muy sugerentes son la llamadas nubes lenticulares (Altocumulus Lenticularis). Mucho menos frecuentes y de breve duración, tienen formas caprichosas de lente o platillo. Suelen formarse en condiciones de fuertes vientos . Si se presentan en los extremos del día y las condiciones ambientales son favorables, el espectáculo está garantizado.

A la hora de fotografiar las nubes iluminadas, prácticamente todas las escenas requerirán del uso de un filtro de densidad neutral graduado para obtener resultados óptimos. De esta manera se consigue equilibrar las altas luces de la mitad superior y las sombras de la mitad inferior.

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Una masa de Cirrostratus cubriendo el cielo de Pollença un atardecer de enero de 1994.
Diapositiva FujiFilm Velvia 50 (RVP) digitalizada en escáner Nikon CoolScan 4000 ED.
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Un Mediterráneo liso bajo un cielo de nubes retroiluminadas, contemplado en plena hora azul desde un punto privilegiado: el Castell del Rei, Pollença. Agosto 2009.
Canon eos 5D.
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El cielo encendido gracias a una cortina de Cirrus poco antes del amanecer, contrasta con la penumbra que envuelve el llano de la isla. Noviembre 1994.
Diapositiva FujiFilm Velvia 50 (RVP) digitalizada en escáner Nikon CoolScan 4000 ED.
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Ambiente tormentoso al amanecer, Formentor, Pollença.
Canon eos 5D Mark II.
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Una vez oculto el sol, cuando la masa de turistas se retira, se presenta lo mejor de la jornada. Mirador de Son Marroig, Deià, octubre 1988.
De nuevo, reflejos en el mar, esta vez de una combinación de dos tipos de nubes diferentes.
Diapositiva Kodak Ektachrome 64 (EPR) digitalizada en escáner Nikon CoolScan 4000 ED.
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Fenómenos de luz:
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La hora dorada
La hora azul
El Cinturón de Venus
Los rayos crepusculares
Los rayos anticrepusculares
Nubes iluminadas
Arcoiris, espectros y sombras
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27 marzo 2011, Domingo

Fenómenos de luz: los rayos anticrepusculares

Archivado en: Varios — Etiquetas: — Marcos Molina @ 23:04

Uno de los fenómenos de luz más singulares que se pueden presenciar en la naturaleza son los rayos anticrepusculares. Este curioso efecto de luz de aspecto sobrenatural, originado por los rayos del sol en los extremos del día, se produce con muy poca frecuencia.

Los rayos anticrepusculares son similares a los rayos crepusculares, pero se ven en el extremo opuesto al sol en el cielo (punto antisolar). Los rayos anticrepusculares son paralelos, aunque parecen converger en el punto antisolar, debido al efecto de la perspectiva (efecto vías del tren rectas en terreno llano).

En la mayoría de ocasiones, los rayos anticrepusculares se hacen visibles en los momentos anteriores o posteriores al amanecer y atardecer. En el caso del atardecer, al término de la hora dorada o bien al inicio de la hora azul.  Los rayos anticrepusculares poseen menos brillo que los rayos crepusculares, a pesar de estar generados por la misma fuente. Esto es debido a que la luz de los rayos crepusculares, vistos en la misma región del cielo donde se encuentra el sol, sufren una dispersión atmosférica menor que los rayos anticrepusculares, extendidos en la región opuesta del cielo, respecto al observador (teoría de Mie). Aunque los rayos anticrepusculares parecen converger en un punto opuesto al sol, la convergencia es en realidad una ilusión. Los rayos de sol son, de hecho, paralelos y la aparente convergencia es el punto de fuga en el infinito.

Este fenómeno no es una excepción en Mallorca y puede ser observado desde cualquier punto, mientras el observador disponga de vistas abiertas y despejadas hacia la región en el cielo opuesta al sol. Al igual que los rayos crepusculares, los rayos anticrepusculares pueden tener un aspecto muy diferente en función de las condiciones ambientales del momento: desde un contrastado chorro de luz de vivos colores ocupando gran parte del cielo hasta un débil juego de haces de luz dispersos casi imperceptible.

Resultan imposibles de predecir, aunque podríamos generalizar sobre las condiciones más propicias para su aparición:

  • Observables momentos antes y después del amanecer y del atardecer.
  • Atmósfera con un nivel muy bajo de humedad ambiental.
  • Cielos completamente despejados.

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Publicada con anterioridad, se trata de la única imagen de rayos anticrepusculares de mi archivo. El sol terminaba de ocultarse detrás del horizonte, a mis espaldas.
Coll des Prat, Puig de Massanella. Al fondo, el Puig Tomir y la bahía de Pollensa. Atardecer de diciembre, 2009.
Para ver más ejemplos de fotografías de rayos anticrepusculares en la red, pinchar aquí.
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Representación gráfica de los llamados Rayos Crepusculares y Rayos Anticrepusculares.
Queda de manifiesto su idéntico origen, variando su aspecto dependiendo de la posición del observador.
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20 marzo 2011, Domingo

Fenómenos de luz: los rayos crepusculares

Archivado en: Varios — Etiquetas: , , — Marcos Molina @ 20:09

La hora dorada, la hora azul, el cinturón de Venus… a medida que describimos individualmente los diversos fenómenos de luz que podemos encontrar en la naturaleza, nos damos cuenta de la trascendencia que tiene la difusión de la luz a través de la atmósfera.

Otro fenómeno muy conocido y relativamente corriente son los llamados rayos crepusculares.

La atmósfera —la capa más cercana a la superfície— además del aire necesario para la vida, contiene una determinada cantidad de partículas líquidas y sólidas en suspensión: vapor de agua (humedad ambiental, nubes), así como tierra, arena, polen, cenizas, aerosoles y cómo no, contaminación. La luz, al atravesar la atmósfera, se encuentra con estos diminutos elementos en suspensión, actuando éstos como un gran difusor: la luz se dispersa. Algo así como el foco de una linterna atravesando una nube de humo de tabaco en la oscuridad nocturna. Los rayos crepusculares surgen cuando la luz, a su paso por la atmósfera, se ve interrumpida o atenuada por objetos de diversa densidad —típicamente nubes o montañas— que actúan como filtros o “máscaras”. Las máscaras bloquean el paso de la luz, creando sombras. Es cuando se forman los característicos y llamativos haces de luz. Debido a la complejidad de los factores implicados en el fenómeno, pueden llegar a tener muy variados aspectos. Algunas veces pueden formarse auténticos espectáculos visuales que, como todo efecto de luz en la naturaleza, se prolongará sólo por un breve espacio de tiempo.

Uno de los ejemplos más corrientes podría ser la escena de una nube sobre el horizonte poco antes del ocaso. El sol, oculto tras la nube, despliega un vistoso abanico de haces de luz a través del cielo o las mismas nubes, que parecen surgir mágicamente desde un punto situado justo detrás. En la naturaleza se producen infinitas combinaciones, cada una de ellas dando lugar a una situación original. Su vistosidad dependerá del contexto: la posición del observador respecto al sol y los elementos, la naturaleza de dichos elementos, las condiciones meteorológicas y el momento del día.

Pero ¿por qué razón percibimos los rayos crepusculares como si fueran divergentes, si sabemos que los rayos de sol son paralelos entre sí? Sencillamente, debido al efecto de la perspectiva. De la misma forma que percibimos las vías del tren en un terreno llano: a medida que las vías se alejan de nosotros, éstas van convergiendo hacia un punto.

Curiosamente, la acepción “rayos crepusculares” no hace mucho honor a su nombre, ya que el principio que los origina puede manifestarse en cualquier momento del día, mientras exista luz en el ambiente. Eso sí, con mayor frecuencia en los extremos del día. El fenómeno recibe varios nombres distintos: rayos de Dios, efecto Tyndall, dispersión de Rayleigh, escalera de Jacob… En el ámbito de la fotografía de paisaje, fue el fotógrafo norteamericano Galen Rowell quien se refirió a este fenómeno como «rayos divinos». Un apelativo que a mí personalmente me parece el más acertado.

En Mallorca podemos observar este fenómeno con relativa frecuencia. Dada la diversidad de su origen, los rayos crepusuclares pueden aparecer en momentos, ambientes y escenarios muy distintos.

• En días de nubosidad

Las condiciones más propicias para que aparezcan rayos crepusculares suelen ser las siguientes:
- Humedad ambiental media o alta
- Presencia de nubosidad de tipo bajo, por lo general entre la superfície y los 2500 m. de altura, tanto en casos de precipitación como sin ella:
Cumulus
Stratocumulus
Cumulus fractus
Cumulunimbus

• En días de cielos despejados sin  nubes

Exclusivamente durante la hora azul, mirando hacia poniente al ocaso —hacia levante al alba— siempre y cuando se dé la circunstancia de haber nubes tras el horizonte.

Como tantos otros fenómenos de la naturaleza asociados a unas condiciones meteorológicas determinadas, los rayos crepusculares suelen aparecer  a lo largo de varios días consecutivos, aunque la suerte o la intuición juega un papel importante a la hora de presenciarlos.
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La isla de Formentor y el Cap Pinar  —en plena hora azul, al amanecer— un día de excelente visibilidad.
Los haces de penumbra en el cielo están provocados por nubes situadas detrás del horizonte que interrumpen el paso de los rayos de sol.
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La costa de Estellencs/Andratx y la silueta de Dragonera —al inicio de la hora dorada— una tarde de nubosidad dispersa tipo stratocumulus / cumulus fractus.
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Un marcado efecto de rayos divinos, surgido como consecuencia de una de tantas invasiones de aire africano sobre el Mediterráneo occidental. Nubes tipo stratocumulus.
Illes Malgrats, Calvià, al atardecer.
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Sorpresa inesperada en un día gris y encapotado, a mediodía.
Nubes tipo stratocumulus y cumulus fractus.
Bahia de Pollensa, cala de Formentor en primer plano.
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.Los rayos divinos también pueden observarse proyectados por debajo el horizonte, siempre y cuando el observador se sitúe a suficiente altura.
En esta fotografía aérea se aprecia cómo la bruma a ras de suelo y la accidentada orografía acentúan el fenómeno.
Sa Costera, Escorca, últimas luces del día.

 

Un sencillo ejemplo gráfico que representa el efecto visual de la perspectiva en las vías del tren. Son paralelas, al igual que los rayos de sol. Sin embargo, a medida que se alejan, vemos cómo divergen hacia un punto.
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La escalera de Jacob, mencionada en la Bíblia, una de tantas expresiones referidas a los rayos crepusculares, representado aquí en una antigua ilustración.
Autor no identificado.
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15 marzo 2011, Martes

Fenómenos de luz: el cinturón de Venus

Archivado en: Varios — Etiquetas: , — Marcos Molina @ 1:27

Escasos minutos después de la puesta de sol, a medida que el crepúsculo avanza —al inicio de la hora azul—, se alza lentamente una banda oscura en el horizonte opuesto al ocaso. Es la sombra de la Tierra proyectada en la atmósfera. Inmediatamente encima de ella, allí donde el sol aún ilumina el cielo, brilla una delgada banda luminosa de un hermoso y vivo tono rosado. Se trata del arco anticrepuscular, el cinturón de Venus —“Belt of Venus” en el mundo anglosajón—. El color rosado es el resultante de la mezcla de la luz y la sombra: la luz solar rasante dispersa del extremo del día, intensamente enrojecida (dispersión de Rayleigh), se mezcla con el profundo azul de la penumbra que provoca la sombra de la Tierra, resultando en un encendido color rosado. El cinturón de Venus se observa siempre en el cielo de poniente al amanecer y en el cielo de levante al atardecer. El cinturón luminoso alcanza una altura aproximada de 20 grados sobre el horizonte antes de desvanecerse suavemente como consecuencia de la penumbra completa en la atmósfera.

El nombre de este fugaz  efecto de luz hace alusión al momento del día en que Venus brilla, solitaria en el cielo, tanto al crepúsculo como en la aurora.

El cinturón de Venus suele aparecer en días de buena visibilidad, siempre y cuando las nubes no interrumpan su visión. Puede variar bastante de intensidad, dependiendo de las condiciones atmosféricas del momento. Por regla general, cuanta menos humedad ambiental, más evidente será el efecto. Este interesante fenómeno, entre otras cosas, nos da la oportunidad de disfrutar de una de las escasas escenas en la naturaleza en las que el tono rosa o magenta destaca poderosamente. Debido a la conocida ineficacia de los sensores digitales para reproducir fielmente dicho color, éste aparece siempre más apagado en las fotografías.
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Un cinturón de Venus bien definido aparece detrás del Puig de Massanella, visto desde el Puig Major tras la puesta de sol. Sobre éste, la porción de la atmósfera aún iluminada por el sol. Debajo, la zona de penumbra originada por la sombra de la Tierra.
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Otra escena al atardecer que muesta la característica banda de tonos fríos de la penumbra, contrastando con los tonos cálidos de la porción del cielo aún iluminada por el sol. Este día, el cinturón se mostró con menos viveza que en la imagen anterior.
Vista de la ciudad de Palma desde el Puig de Galatzó.
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La observación del cinturón de Venus no está relegada al paisaje de montaña, aunque se apreciará mucho mejor desde un punto elevado y con amplias vistas despejadas.
Cap Pinar y Cap Ferrutx al crepúsculo.
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El ojo representa al observador. El efímero cinturón de Venus aparece cuando la línea del horizonte —para el observador— deja de ser paralela a los rayos del sol.
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En esta vista panorámica desde la cima del Puig Major, momentos antes del amanecer, el sol —aún bajo el horizonte— se sitúa a mi izquierda. Por tanto, la sombra  de la Tierra sobre el horizonte se encuentra a la derecha. Entre medio, se aprecia la línea diagonal de la banda de penumbra.
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Atardecer sobre la serra de Tramuntana, visto desde el Puig de Galatzó. Las nubes entre la montaña y el horizonte impiden apreciar el cinturón, no obstante, en este caso, éste ya se está proyectando sobre las más cercanas nubes.
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8 marzo 2011, Martes

Fenómenos de luz: la hora azul

Archivado en: Varios — Etiquetas: — Marcos Molina @ 19:14

La hora azul proviene de la expresión francesa l’heure bleue y hace referencia al período de penumbra que se produce en los extremos del día: la aurora y el crepúsculo, donde no hay luz diurna completa ni oscuridad completa. En el caso de la tarde, se presenta inmediatamente después de la hora dorada, cuando el sol ya se ha ocultado. En el caso de la mañana, entre la oscuridad nocturna y el alba. Al igual que la hora dorada, tiene una duración en torno a los 30-45 minutos. La inmensa mayoría de fotografías de paisaje de los grandes autores están realizadas en estos dos grandes momentos: la hora dorada y su continuidad: la hora azul.


Proceso de la hora azul al atardecer
(extremo del día más cómodo para presenciar)

El sol, una vez se ha ocultado tras el horizonte, deja de iluminar directamente la superficie de la Tierra. En ese período de tiempo, no obstante, los rayos solares iluminan las capas altas de la atmósfera sobre nosotros, en un proceso gradual de atenuación hasta la oscuridad total de la noche. En ese lapso de tiempo —la transición entre el ocaso y la noche cerrada— el paisaje se baña de una luz difusa, tenue, envolvente y cálida así como de los matices de color más sutiles, en constante cambio. Esa porción de atmósfera iluminada por un sol ya oculto se convierte en una fuente de luz de bajo contraste que ilumina sugestivamente el paisaje ya sumido en las primeras penumbras.  El ambiente adquiere un tono marcadamente azul, que contrasta con la calidez de los objetos suavemente iluminados. Asimismo, en los últimos momentos de la hora azul, minutos antes de la oscuridad, el crepúsculo puede venir acompañado de espléndidos efectos de color y luz en el cielo, sobre el horizonte donde el sol se ha ocultado. Obviamente el proceso es a la inversa en el caso del amanecer.


Presenciando la hora azul

Al igual que sucede con la hora dorada, el efecto característico de la hora azul no aparece necesariamente cada día. De hecho, en la región mediterránea se produce con relativa poca frecuencia. Como no podía ser de otra manera, depende directamente de las condiciones ambientales. Por lo general, cuanto más limpia la atmósfera, más evidente será el efecto. Por limpieza se entiende ausencia de nubes, nieblas, humedad y contaminación. Cada uno de estos fenómenos obstruye el paso de la luz. La hora azul tiene en la alta montaña su fiel escenario: aire limpio, baja humedad, frecuente ausencia de nubes, nieblas y brumas. Además, la presencia de relieves hace que la luz propia de la hora azul se aprecie mucho mejor. Otro factor a tener en cuenta para observar adecuadamente la hora azul es la característica del motivo. Debido al ambiente de luz tenue reinante tras el ocaso, cuanto más oscuro el motivo, menos se apreciará la especial cualidad de la luz. Por ejemplo, un bosque, una montaña de roca oscura o un mar agitado. En contraposición, una montaña nevada, unas nubes  —o  la pálida roca caliza característica de Mallorca— harán de la hora azul el mejor espectáculo. Las especiales características de la luz de la hora azul se perciben mejor en espacios abiertos con amplia visibilidad. No apreciaremos adecuadamente la hora azul en un paisaje natural sin amplias vistas despejadas o en un llano donde no existe ningún motivo destacado sobre el que la luz pueda incidir.

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Uno de los motivos por antonomasia de la hora azul: el paisaje nevado.
La superfície blanca recoge mejor que ningún otro motivo el encanto de la luz característica de la hora azul.
Puig de Massanella, unos 15 minutos después del ocaso. Como suele suceder en condiciones de frío intenso, la atmósfera ese día presentaba una limpieza extrema.
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Una de las características más apreciadas de la hora azul es la manera tan equilibrada en que el sensor de la cámara capta la luz. El paisaje, al recibir una luz difusa, tenue y envolvente, por lo general presenta un contraste muy bajo. Ello provoca que el motivo quede registrado con una especial uniformidad, mostrando gran cantidad de detalle tanto en las zonas de sombra como en las altas luces.
Sa Penya Rotja y península de Formentor al amanecer.
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Mientras el paisaje a mi espalda está uniformemente iluminado, mirando en dirección al área donde el sol está bajo el horizonte, puede apreciarse muchas veces un hermoso efecto de luz y color. Poco frecuente, tiene lugar en días de buena visibilidad (baja humedad) y ausencia de viento. Es cuando el cielo se tiñe de una suntuosa gradación de tonos que nos recuerda los colores del arcoiris.
S’Estaca, Valldemossa, durante el crepúsculo. Diapositiva escaneada.
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Gráfico que intenta describir la transición del día a la noche: la hora dorada antes del ocaso, para dar paso después a la hora azul y a la noche. Los elementos en suspensión en la atmósfera (vapor de agua, contaminación, impurezas) hacen de inmenso conductor y emisor de luz  indirecta, cuando el sol se encuentra directamente bajo el horizonte.
El grosor de la atmósfera terrestre ha sido exagerado deliberadamente.
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El mismo motivo, dos luces bien diferenciadas. Izquierda: la hora azul (previa al alba), derecha: la hora dorada (posterior al alba).
Nótese la diferencia en términos de contraste. Puig Major al amanecer, visto desde el Puig Roig.
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La montaña, uno de los parajes más propicios donde poder contemplar la hora azul en toda su amplitud.
Puig Major tras la puesta de sol. Diapositiva escaneada.
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Además de la montaña caliza, la naturaleza de Mallorca nos obsequia con el incomparable atractivo del mar y sus múltiples facetas. Añadimos un par de ingredientes más: un día de calma y la hora azul y tenemos como resultado un espejo surcado por caprichosas texturas y los sutiles tonos reflejados de la aurora.
Serra del Cavall Bernat, Pollença. Foto tomada 20 minutos antes de la salida de sol.
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Tras la puesta de sol, un conjunto de nubes convectivas reflejan los sutiles y cálidos tonos del crepúsculo, convirtiendo la escena en un festival de mil delicados colores.
Sector central de la serra de Tramuntana
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La hora azul también resulta cautivadora para el fotógrafo de paisaje urbano. Iluminado artificialmente, éste combina sugestivamente con la luz natural fría de la penumbra. El secreto: esperar a esos breves instantes en que el primer plano (el motivo urbano) y el fondo (el cielo) posean la misma intensidad de luz, creando un delicado equilibrio. Todo un clásico de la fotografía urbana.
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