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El litoral que abarca desde sa Calobra hasta Cala de Sant Vicenç —compartido por Escorca y Pollensa— constituye una amplia zona de un alto valor paisajístico y ecológico. Con toda probabilidad es la región salvaje más extensa de la isla, formada por una singular orografía sumamente accidentada y compleja, lo que la convierte en uno de los puntos de la isla más inhóspitos e inaccesibles y por tanto menos conocidos. Precisamente aquí es donde reside su atractivo: un paisaje de una belleza intacta por haber permanecido libre de toda acción humana. Una Mallorca un tanto enigmática —por su dificultad de acceso— donde el tiempo parece estar paralizado y donde el paisaje se despliega con toda su exuberancia prístina. Una naturaleza que se mantiene igual que hace siglos… Todo ello le otorga a esta zona un interés fotográfico de primer orden. Tras años recorriendo los itinerarios excursionistas habituales por tierra, hace ya un tiempo que acariciaba la idea de contemplar este litoral desde el mar; el mirador más cómodo y no por ello menos interesante. Vista desde el mar, la costa de Escorca emerge como una majestuosa muralla a plomo. Un mar en calma me invita a deslizarme cómodamente sobre él para descubrir pausadamente los recovecos más sugestivos, teñidos de la luz más seductora. |
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Una confortable piragua, inmejorable medio de transporte para integrarse con el medio y poder disfrutar plenamente del paisaje.
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Las últimas luces del día se proyectan sobre relieves y texturas rocosas de formas evocadoras, que parecen flotar sobre un lecho de oro líquido.
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La roca caliza mallorquina al atardecer a ras de mar, motivo que inspiró a pintores como Joaquim Mir, Antonio Gelabert, Francisco Bernareggi, Anglada Camarassa, Tito Cittadini…
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