.
.
Los claroscuros, el agua, las formas y texturas, protagonistas de «sa Fosca».
.
.
. .
. . |
.
La profunda hendidura del torrente, próximo al macizo del Puig Major. . .
|
Entre los proyectos fotográficos que me había propuesto este año, estaba el torrent del Gorg Blau, más conocido como «sa Fosca». De la multitud de fotografías que he visto de este lugar, ninguna refleja la belleza y majestuosidad que encierra este asombroso lugar en pleno corazón de la serra de Tramuntana. Debido a las particulares características de este grandioso escenario, cualquier intento de transmitir con imágenes la atmósfera de sa Fosca siempre se quedará corto. Mi intención de plasmarla lo mejor posible significó, por descontado, dedicar el recorrido única y exclusivamente a la fotografía. Un día entero —de los más largos del año— jalonado de paradas de hasta 30 minutos cada una para dedicarme a fondo en cada toma. La oportunidad de fotografiar pausada y detenidamente este increíble paraje ha significado para mí una gran satisfacción, cumpliendo una ilusión muy añorada. Contemplar, admirar y dejarse embelesar sosegadamente por las consecutivas salas ciclópeas y sinuosos pasillos de este asombroso mundo subterráneo de belleza surrealista es un lujo para los sentidos. Por sí solo, constituye una experiencia fascinante que marca para siempre.
El rey de los torrentes de Mallorca suscita especial emoción y ocupa un lugar preferente en la historia de la espeleología balear. 43 años han transcurrido desde su primer descenso —por aquel entonces una admirable hazaña— urdida por un grupo de tres jóvenes de 22 años que, un 24 de julio de 1965, decidieron plantar cara al misterio y la leyenda: Matías Oliver, Tomás Suárez y Bernadí Morey. Debido a que se ignoraba todo sobre esta garganta —se afirmaba que era una sima abismal sin salida— los aventureros desconocían si podrían regresar una vez sumidos en sus profundidades. Provistos de un material considerado hoy como precario y mucho coraje, invirtieron 48 interminables y angustiosas horas en completar el recorrido.
La rápida evolución de la disciplina deportiva, el salto cualitativo de material especializado y la inevitable posterior masificación se han encargado con el tiempo de desmitificar sa Fosca, aunque dejando plenamente intacta toda su hermosura salvaje. El torrent del Gorg Blau está considerado como uno de los destinos espeleológicos más interesantes de Europa. De hecho, el término «barranquismo» se originó precisamente aquí. En 2002 fue declarada Monumento Natural —junto con el Torrent de Pareis— por el Govern de les Illes Balears.
El torrent del Gorg Blau, antesala del torrent de Pareis, consiste en un curso fluvial relativamente corto —alrededor de 3 km.— por el que desagua la presa del Gorg Blau y la cuenca formada por el Puig Major y el Massanella. Su principal característica consiste en su trayectoria encajonada y sombría. Una importante sección del recorrido está sumida en la total oscuridad debido a las altísimas paredes —separadas entre sí por escasos metros— que impiden el paso de la luz natural hasta el fondo.
Hay proyectos que necesariamente requieren de una estrecha cooperación con otras personas para ser realidad. Éste es el caso. Por ello, quisiera mostrar mi más sincero agradecimiento a mi guía y compañero de cordada, José García. Entrañable amigo, experimentado montañero, buen conocedor de sa Fosca y dotado de una paciencia y generosidad infinitas. Ha sido un privilegio contar con su colaboración.
Todas las fotografías fueron tomadas con una cámara réflex full frame: Canon eos 5D. Utilicé dos objetivos de focal variable, incluyendo un imprescindible super gran angular. Debido a las pobres condiciones de luz, en todas las tomas necesité del trípode —un Gitzo 1257—, dotado de brazos de máxima versatilidad para una buena adaptación sobre una superfície muy reducida, accidentada y resbaladiza. Naturalmente, en un medio de estas características, resulta primordial preservar el equipo fotográfico del contacto con el agua, especialmente en las travesías a nado. Todas las capturas fueron en formato Raw.
A continuación, la selección imágenes más destacadas para compartirlas con todos vosotros.
.
.
.
.
Asumidas las 12 horas de recorrido y los 10 kilos de peso en la espalda, los dos principales inconvenientes —ya intuídos— resultaron ser el elevado contraste de luces en la composición así como la dificultad de dar a entender las dimensiones del escenario por ausencia de referencias visuales mesurables. El primero pudo atenuarse gracias a las virtudes de ciertas técnicas de fotografía digital in situ y en el post-procesado. El segundo resultó más difícil.
.
.
.
.
.
En determinadas secciones del torrente, sobre nuestras cabezas, se juntan las paredes casi por completo, creando sugerentes juegos de luz y formas.
.
.
.
.
.
Inicios del recorrido: una de las escasas pozas con agua. La orientación vertical de la imagen, una constante dadas las características de las escenas, en que los puntos de atención sigen una línea vertical y no horizontal.
.
.
.
.
.
La parte positiva de encontrar el torrente con escaso caudal: las hojas. Un buen elemento que nos sirve para estimar las dimensiones de un paisaje carente de referencias visuales corrientes.
.
.
.
.
.
Gracias a las nuevas técnicas digitales, el problema del excesivo contraste de luz (rango dinámico) se resuelve con múltiples exposiciones y un meticuloso post-procesado.
.
.
.
.
.
Los mejores resultados se dan en situaciones donde no aparece la luz directa. Son necesarias las exposiciones largas y por tanto, los objetos dinámicos —las hojas, el agua— dejan en la imagen la impronta de su movimiento.
.
.
.
.
.
La inclusión de una figura humana en la composición no deja lugar a dudas sobre las dimensiones del escenario. Sin embargo, no siempre resulta adecuada en todas las fotografías de paisaje.
.
.
.
.
.