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La Punta des Capellans y el Morro de sa Vaca al atardecer
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La Punta des Capellans
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El Morro de sa Vaca. Al fondo, la Mola de Tuent (Torre de Can Palou)
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Interpretación artística en monocromo: Puig Major, Morro de sa Vaca.
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Izquierda: La fotografía que me ha inspirado a llevar a cabo esta idea: una diapositiva tomada en mayo 1992.
Derecha: la nueva versión —en digital—, junio 2009.
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La Torre de Lluc y el Morro de sa Vaca al amanecer, contemplados desde una perspectiva poco habitual.
Imagen panorámica compuesta por 8 fotos verticales.
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El pequeño y abrupto saliente del Morro des Bordils resultó ser, en 1605, un lugar estratégico escogido sobre el que edificar la Torre de Lluc. Una de las torres vigía que formaba parte del sistema que defendía antiguamente la isla contra las frecuentes invasiones piratas. 400 años después, aunque en estado ruinoso, permanece en pie la mitad de su estructura y actualmente amenaza derrumbe inminente.
Más información en sobre el antiguo sistema defensivo de Mallorca en esta entrada.
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Detalle de la cima donde descansa la Torre de Lluc —a 239 m. de altitud— contemplada desde el mar. La luna en cuarto creciente y el sol ya oculto.
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El macizo del Puig Major alineado con la Torre de Lluc, vistos desde el mar al amanecer.
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El Morro des Bordils —en cuya cima se ubica la Torre de Lluc—, evoca una suerte de animal dormido divisado desde las cercanías de la punta dels Capellans.
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El Morro des Bordils —situado entre Cala Codolar y la Punta dels Capellans— presenta hacia el norte una pared acantilada de más de 200 metros, hecho que debió suponer cierta tranquilidad para los antiguos torreros.
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El litoral que abarca desde sa Calobra hasta Cala de Sant Vicenç —compartido por Escorca y Pollensa— constituye una amplia zona de un alto valor paisajístico y ecológico. Con toda probabilidad es la región salvaje más extensa de la isla, formada por una singular orografía sumamente accidentada y compleja, lo que la convierte en uno de los puntos de la isla más inhóspitos e inaccesibles y por tanto menos conocidos.
Precisamente aquí es donde reside su atractivo: un paisaje de una belleza intacta por haber permanecido libre de toda acción humana. Una Mallorca un tanto enigmática —por su dificultad de acceso— donde el tiempo parece estar paralizado y donde el paisaje se despliega con toda su exuberancia prístina. Una naturaleza que se mantiene igual que hace siglos… Todo ello le otorga a esta zona un interés fotográfico de primer orden.
Tras años recorriendo los itinerarios excursionistas habituales por tierra, hace ya un tiempo que acariciaba la idea de contemplar este litoral desde el mar; el mirador más cómodo y no por ello menos interesante. Vista desde el mar, la costa de Escorca emerge como una majestuosa muralla a plomo. Un mar en calma me invita a deslizarme cómodamente sobre él para descubrir pausadamente los recovecos más sugestivos, teñidos de la luz más seductora.
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Una confortable piragua, inmejorable medio de transporte para integrarse con el medio y poder disfrutar plenamente del paisaje.
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Las últimas luces del día se proyectan sobre relieves y texturas rocosas de formas evocadoras, que parecen flotar sobre un lecho de oro líquido.
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La roca caliza mallorquina al atardecer a ras de mar, motivo que inspiró a pintores como Joaquim Mir, Antonio Gelabert, Francisco Bernareggi, Anglada Camarassa, Tito Cittadini…
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El contraluz del amanecer en conjunción con la península de Formentor, una de las escenas que más me llama la atención durante el solsticio de verano. Panorámica obtenida ayer 29 de junio.
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Canon Eos 5D • Canon 100-400 a 260mm • 1/45 seg • f/16 • Iso 100 • Cámara y óptica apoyadas en 3 bean bags de fabricación casera, sobre una roca • Control remoto Canon TC-80N3 • 3 capturas Raw horizontales • Ajustes Photoshop CS3, PTGui pro.
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No puedo estar más de acuerdo con una de las máximas de la fotografía de paisaje, que nos recuerda la importancia de visitar repetidamente el mismo escenario para conocerlo a fondo y así estar en mejores condiciones para explotarlo al máximo, fotográficamente hablando. De esta manera establecemos un estrecho vínculo con el paisaje, intuyendo y descubriendo parte de la amplia gama de posibilidades que éste encierra. Raramente uno consigue la fotografía más significativa en el primer encuentro. El fotógrafo dotado de cierta sensibilidad, además, se verá automáticamente propulsado por una inspiración que supondrá el motor para regresar una y otra vez al mismo punto para ir percibiendo el dónde, cómo y cuando así como relativizando cualquier obstáculo entre el fotógrafo y la fotografía: el esfuerzo de acceder a una cumbre, de madrugar en mitad de la noche o incluso de robarle tiempo a nuestras obligaciones cotidianas.
Un ejemplo sobre esta relación establecida con un paisaje determinado —uno por el que siento especial predilección— es el que ilustra la presente entrada: la serra del Cavall Bernat y Formentor vistos desde un ángulo muy estudiado. El solsticio de verano constituye un excelente motivo para profundizar en el conocimiento de este lugar. Cinco visitas distintas al amanecer durante mayo y junio me han proporcionado familiaridad, confianza y seguridad para dar con la escena más elocuente. Otros proyectos igualmente excitantes esperan en otras zonas de la isla.
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La presencia de altostratos en el instante de la salida del sol confiere a la escena un aspecto más dramático y colorista.
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El sol naciente y la serra del Cavall Bernat de canto: una composición largamente esperada, sólo visible durante escasos días al año.
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Monocromo: la luz, las formas y las texturas antes que el cromatismo de una escena. En este caso, para resaltar los sutiles juegos del contraluz. Para la conversión, utilicé el plugin de Photoshop Silver Efex de Nik Software.
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Unas últimas aportaciones de la reciente sesión de fotos en sa Fosca.
Gracias a todos por los comentarios tan positivos depositados en mi anterior entrada.
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